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Boletín técnico de INDISA S.A.

   Medellín, 14 de marzo de 2008 No. 57

 

RIESGOS INNECESARIOS

Autor: Juan Martín Caicedo Ferrer

Presidente ejecutivo de la CCI

Revista CAMBIO, noviembre 29 de 2007

 

Las fases de preinversión son una herramienta vital

 

"Cuando se ahorra en consultoría, se toman decisiones a ciegas, sin exploraciones y ensayos suficientes, sin ingenio"

La consultoría nunca ha sido el mejor negocio del sector de infraestructura ni el de los contratos más cuantiosos. Sin embargo, es el pilar fundamental para la concepción, diseño y supervisión de obras y proyectos bien ejecutados, en tiempos razonables, con menores incertidumbres y con una real optimización de los recursos disponibles.

Los gobiernos tienen que entender que la industria del conocimiento es la base para el desarrollo del país. Como tal, tiene que ser bien remunerada, reconocida, respetada e incentivada.

Desde muchos años antes de ser creada la cámara Colombiana de la infraestructura, tanto los afiliados como la banca multilateral habían insistido en que uno de los principales problemas de la ingeniería de consulta era la selección por precio. Con base en este clamor, uno de los aspectos en que mas insistió la CCI durante el trámite de la reforma a la Ley 80 de 1993, fue la necesidad de crear una modalidad propia de selección para la consultoría, sin considerar el factor precio.

Después de este logro histórico, materializado en la Ley 1150 de 2007, reconocido como un paso enorme incluso por la banca multilateral y los gremios de consultores de muchos países, nos queda el gran desafío de promover junto con la reglamentación del concurso de méritos, un cambio en la cultura de contratación de la consultoría, con base en una campaña de concientización de las entidades contratantes y de los propios entes de control, de manera que el país entienda que es imprudente ahorrar en la consultoría para desembocar luego en sobrecostos.

Este cambio de mentalidad tiene que partir de la necesaria renivelación de remuneraciones, dado que hoy los presupuestos oficiales son muy inferiores a los de hace unos pocos años, como fruto de las disminuciones sucesivas (lo que Germán Silva ha llamado la “espiral decreciente”) motivadas por la selección por precio combinada con la necesidad de supervivencia, mal entendidas como una supuesta tendencia de mercado.  Estas remuneraciones no se compadecen con los alcances ilimitados o indefinidos que las mismas entidades pretenden, y a todas luces son insuficientes para garantizar la sostenibilidad de las empresas, la permanencia de grupos de trabajo, su actualización tecnológica y su fortalecimiento para afrontar los retos de la infraestructura no sólo en Colombia. La situación se ha vuelto más crítica por la necesidad de profesionales expertos en muchos países, lo que ha ocasionado una migración alarmante de ingenieros.

La consultoría ha sido por mucho tiempo el fusible de los afanes políticos. Las administraciones han creído que ante la urgencia de inaugurar obras, los mayores ahorros de tiempo se pueden obtener obviando la ingeniería de consulta. Cuando se ahorra en consultoría, se toman grandes decisiones a ciegas, sin las exploraciones y ensayos suficientes, sin conocimiento exhaustivo del terreno, sin el necesario análisis de alternativas, sin considerar las condiciones tecnológicas actuales, sin tiempo suficiente, y en últimas, sin ingenio. El país corre dos riesgos: que el diseño sea insuficiente, con el consecuente peligro para las personas, la inversión y la funcionalidad, o que el proyecto quede sobredimensionado y se deje de invertir en otras obras necesarias. Desafortunadamente, sólo se sabrá años más tarde cuál fue el caso, cuando ya no haya nada que hacer.

Finalmente las obras terminan por consumir con creces el tiempo y los recursos que supuestamente se habían ahorrado, y la ingeniería de consulta sale estigmatizada.

El país ha olvidado que las fases de preinversión son una herramienta vital de la planeación, que permiten analizar alternativas y optimizar recursos, y que los bancos de proyectos sirven para evitar la improvisación y para que en un “cuarto de hora” de la economía, como el actual, los gobiernos tengan una brújula clara y todos los argumentos para empezar a “mover tierras”.

Esta coyuntura es ideal para que la consultoría pueda dedicarse otra vez a pensar en ingeniería, a innovar, a reconstruir la industria del conocimiento y a dotarla de una buena capacidad exportadora, constituyéndose, como debe ser, en fuente vital de desarrollo para el país.

La industria del conocimiento es la base para el desarrollo


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El encuentro de la tecnología ambiental para el desarrollo sostenible

Cuidar el medio ambiente es un buen negocio.

 

Del 26 al 29 de marzo

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